Engin Akyurek y sus cuentos

Engin Akyurek y sus cuentos

Un Cuento de Engin Akyurek:

Una esperanza escondida en la lluvia

Título en turco: Bir umut saklıydı yağmurun içinde

Traducido del turco por Engin Akyürek Uruguay y Legión Akyürek Perú (@EnginAkyurek_Pe en Twitter)

Había un enorme paraguas sobre Estambul. Persistentemente las nubes traían lluvia, el cielo estaba cubierto con una lona plástica… Las aceras y los caminos se limpiarían con un beso de las nubes, volaría el vapor oscuro plegándose a un lugar en medio de mi corazón.
Harun me esperaba al acecho a un lado de la puerta a que saliera de casa. Era fácil entender qué cosas esperaba de la vida un niño de doce años, lo difícil era sentirlo… Harun era de Aleppo, perdió a sus padres en la guerra y fue obligado a venir a Turquía con su hermano y su tío.
Mientras esperaba la transformación urbana, vivía en el piso de entrada de un edificio. El edificio en el que vivía lucía como Aleppo, parecía que en el lugar había ocurrido una guerra. Las personas decentes que abandonan sus casas tienen una moderada esperanza… Harun, su hermano mayor, su tío menor y los 12 miembros de su familia viajaron por ciudades como Gaziantep, Ankara, Bursa hasta que vinieron a Estambul.
Un día lluvioso, una voz furiosa entró por mi ventana suprimiendo la melodía de la lluvia. El dueño de la voz furiosa se acercaba al cuello de Harun;
– – Ladrón, sal chico, rápido…
La voz de mi conciencia entraba al interior desde mi ventana, en un momento, la lluvia en la ventana creó la imagen borrosa del cuerpo de un niño pequeño.
La lluvia continuaba, sin llevar nada encima salí vertiginosamente a la calle con la seria intención de pelear con él. La cara del hombre que maldecía me parecía más perturbadora que sus insultos. El vidrio empañado no me permitió ver bien hacia afuera, pero pude entender que mientras insultaba, el hombre había golpeado a Harun.
Cuando el hombre vio a alguien que no lo maldecía recobró su aliento, me quedé escuchando los insultos que profería.
– Este ladrón robó mi billetera mientras esperaba en la parada.
– Cálmese, tal vez usted dejó caer su billetera.
Estaba trabajando el terreno para crear una conversación diplomática con alguien que estaba maldiciendo. Al menos podría salvar a Harun de sus enormes manos.
Ya había visto a Harun antes en las calles, pero no lo conocía. No robé la billetera dijo con sus negros ojos, su pequeño cuerpo se desmoronaba. El hombre era difícil de convencer, me estaba quitando la calma, nuevamente su voz volvía a insultar. Debido a la severa lluvia, pocas cabezas se estiraron desde el lugar en el que estaban, siguieron sus caminos indiferentes a las voces e insultos.
En ese momento de la historia estaba respondiendo por un niño del que no conocía el nombre, era parte de algo de lo que no sabía la verdad. Nos conocimos un día de lluvia cuando un hombre gruñía e insultaba. Pude ver lo que hace en los ojos de un niño que salió de la guerra enfrentarse a un hombre confiable. A quién le importa la billetera perdida.
Desde ese día fuimos amigos con Harun, más tarde la amistad fue tan cercana que trascendió las fronteras. Nunca le pregunté si había robado la billetera. Sé que un poco de confianza hará que sea más fácil entrar en el corazón de un niño dónde semillas silvestres se secaron sin abrir, y con una tibia esperanza hacer que nuevas semillas comiencen a florecer y su mundo se llene de colores y aromas desconocidos.
Donde sea que estuviera Harun, conversaba, incluso si estaba de pie intercambiaba dos palabras. Su turco a media lengua era más dignificante que la ropa que llevaba encima, el que viene de la guerra olvida el idioma turco y tiene la mirada vacía. A veces venía a casa a desayunar, y veíamos juntos dibujos animados. Le gustaba mucho ver dibujos animados, tal vez la última imagen que se grabó en su memoria en su cálido hogar fue una película de dibujos animados.
Sabía que tenía que ayudarlo a salir sin lastimarlo. Lo que debía hacer era no molestar ni poner celoso al tío menor de Harun. Si das una mano la otra mano puede desconfiar. Comencé a hacer pequeñas cosas para introducir a mi amigo en algún trabajo, como pintar las paredes o compartir con él algunas de mis cosas que no usaba.
Harun se reía y la tristeza de los corazones de las personas que han perdido las esperanzas, caían sobre la cara de su hermano Mustafa, haciendo que las líneas de su frente se encogieran. Entendía a Mustafa: estaba cansado de tener un estado de esperanza. Tal vez Harun tenga esperanza por seis años más, se reirá por un tiempo, seguirá sonriendo hasta que después, un día, el reloj que lleva incorporado en su interior se detendrá.
Habría una semana de vacaciones, recolecté un poco de dinero entre mis amigos y se lo di al tío de Harun.
Era difícil comprar regalos para ocho niños, dependía de sus edades y género. Una pequeña cantidad de dinero en un sobre facilitaría las cosas, sería de mucha ayuda y no llevaría mucho esfuerzo.
No estuve en casa en las vacaciones. Cuando regresé de las vacaciones Harun estaba esperándome en la puerta.
Parecía que habían robado la sonrisa de su cara…
– Mi hermano está perdido…
– ¿Desde cuándo?
– Me levanté la mañana de vacaciones y no estaba.
– No te preocupes lo encontraremos, tal vez tuvo que irse por algo, por un trabajo…
– Me dijo que se iría, me voy, dijo.
La cara de consuelo de Harun no fue muy convincente.
– No estés triste, el volverá o te dará noticias.
– Ojalá
– ¿Quieres ver dibujos animados?
– Gracias hermano.
El siempre daba sus pasos con suavidad. Esta vez su cabeza estaba caída, no podía moverse por el peso que había dentro de su cabeza.
Al día siguiente fui a ver al tío menor de Harun. Quería saber que estaban haciendo, que habían hecho-
– ¿Hay noticias de Mustafá?
– No
Había una profunda brecha en la cara del hombre que escondía cosas.
– ¿Está seguro?
La brecha en su cara comenzó a llenarse y en sus ojos se crearon lagunas.
– Si sabe algo digalo, podemos buscarlo.
– Él tomó el dinero que me diste…
– Hmmm…
Hablar sobre el dinero puesto en un sobre con personas que venían de la guerra había perturbado mi interior. La temporada estaba de regreso, las nubes del otoño estaban aquí. La cara de Harun fue creciendo. Todos los días me esperaba frente a la puerta para compartir conmigo la esperanza de recibir una noticia. No era fácil cargar con el peso de algunas cosas…
Las nubes que traían la lluvia se habían perdido. Aunque era otoño, la humedad de Estambul estaba cayendo sobre las personas. No podía seguir ocultando lo que sabía. Se lo había prometido al tío, pero mi consciencia estaba a punto de romperse. Mustafá había robado el dinero y había huído en un bote de refugiados. Más que un bote aquello era más bien una tabla de madera flotando en el agua…
Las fotos que vi en internet en realidad muestran el horror de la situación, atrocidades muy duras. Cuando el bote cruzó las aguas turcas, Mustafá desapareció en la inmensidad azul. El cuerpo no pudo ser encontrado a pesar de los pedidos. Durante un mes tuve la esperanza de que Mustafá no estuviera en ese bote. Imaginaba que tal vez había ido en otro bote a Inglaterra.
No quería seguir ocultando todas estas cosas, Harun tenía derecho a saberlas. Harun vió que lo miraba por el borde de la ventana. Tan pronto como se abrió la puerta nos miramos a los ojos.
– Te estás escondiendo de mí, hermano…
Cuando miré sus ojos negros, los sonidos que venían de mi corazón se ataban a mi lengua.
– Pasa.
Cuando entró vio los DVDs de dibujos animados en el borde de la mesa. Los DVDs que no había desechado, estaban parados sobre el borde de la mesa como una demostración de esperanza.
– ¿Qué le pasó a mi hermano?
No quería que creciera el silencio.
– Probablemente tu hermano fue a Inglaterra.
La cara triste que tuvo durante días se iluminó como una media luna.
– Gracias a Dios…
– No te preocupes más.
No podía contarle la realidad, esperaba encontrar la manera de mentir.
– Si hablas por teléfono…
– Hablaremos si podemos encontrarlo
– Buscaré la dirección de mi hermano para escribir una carta. Tengo el dinero que he ahorrado, y ese es mi camino.
– Está bien, escribe.
Harun subió a su casa, levantando la cabeza del suelo, cabalgando sobre sus pies. En la casa había olor a tierra húmeda debido a la lluvia. Me senté en mi mesa de trabajo y tomé una hoja en blanco, traté de escribir una carta que un día Harun le escribiría a su hermano:
Hola querido hermano.
Te extraño mucho…
Las nubes se oscurecieron antes de que pudiera terminar de escribir las frases, cayó un rayo, las nubes que traían la lluvia descargaron toda su misericordia como si hubieran estado conteniendo la respiración durante días.
Las aceras y los caminos se limpiarían, volaría el vapor oscuro como si cayera de un lugar en el medio de nuestros corazones. Podemos tener esperanzas de una buena noticia mientras miramos a través del vidrio empañado.
Biografía Completa del actor turco Engin Akyurek

 

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Esta entrada tiene un comentario

  1. muy bueno el cuento….me quedan dudas sobre la traducción.El idioma turco es dí ficil para nosotros y muy pocos lo saben.Considero que se pierde sensibilidad en la traducción.,rasgo característico de este muy buen actor.que es de Libra,signo que conozco muy bien!!!

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